Bien... ¿Por dónde empiezo?. No, no voy a empezar diciendo que soy una Princesa fiel a Ana & Mia. Es redundante comparado con el título de mi Blog; aunque sí podría decirles por qué las elegí y las razones bajo las que aún lo hago.
Octubre de 2006. Pequeña, insignificante, acosada por mis compañeros de colegio. Y claro... gorda como una ballena preñada. Medía 1.55 y pesaba unos 55 kgrs. Era un corcho: bajita y rechoncha. No tenía amigos e ir a la escuela se había vuelto una tortura.
Pero... una "varita mágica" me tocó de forma extraña. Alguien me invitó a salir. Y por "alguien" me refiero a un tipo super sexy, bastante mayor que yo, que se paseaba por los lugares más 'top' y 'vip' de la ciudad en la que nací y crecí. Jamás voy a entender qué vio él en mí en ese momento específico. Quizás notó mi desesperación por encajar; probablemente haya visto mi vulnerabilidad y se aprovechó de ello. Sean cuales fueren sus motivos, es algo que ya no me importa.
Para formar parte de ese 'jet-set', decidí (y también fui empujada por los comentarios de este... hombre, llamémoslo Mr. Darcy. Sí, suena a Jane Austen. Sí, es un cliché. Pero no, no era ni remotamente romántico... al menos, no al final y no en el fondo de su ser) que mi única opción era bajar de peso. Intenté hacer dieta y fracasé. Mi ansiedad (producto del 'bullying') era un obstáculo constante. Ahí venía el proceso de: ANSIEDAD- ATRACÓN- CULPA (y, eventualmente)- PURGA. Al principio, sólo lo hacía cuando yo consideraba (con un criterio totalmente errado) que había comido de más. Con el devenir de los días, empecé a hacerlo con básicamente cualquier cosa que me llevara a la boca. En cierto momento, comencé a vomitar sangre. Me asusté y preferí evitar las purgas. En su lugar, reemplacé ese hábito con el de no comer.
Me costó adaptarme al estómago vacío, a los mareos, al insomnio; pero todo lo valió. Para Diciembre había bajado bastante de peso (y también había cambiado mi altura, que oscilaba por 1.60). Los 48 kgrs me sentaban bien... al principio. Claro, como toda Princesa (ó Principe), no me resultó suficiente. Necesitaba más. Más delgadez. Más huesos. Menos grasa. Menos kilos. Y así lo hice.
Mientras tanto, me involucré con esa gente que tanto me llamaba la atención. Llegué a ser la Abeja Reina de mi pequeño, enfermizo y adictivo círculo. Todos consumíamos alguna droga, ó alcohol, ó sexo. Lo que fuera para sentirnos mejor. Menos muertos por dentro. Menos porquería.
En determinado punto, tuve que dejar las sustancias. Mr. Darcy se había vuelto violento y sus/nuestros/mis amigos, me dieron la espalda. Volví a estar sola, tambaleándome entre la depresión, Ana, Mia y el suicidio. De buenas a primeras (y con una lucidez inaudita para lo que era yo en aquella época), dejé a Mr. Darcy. Era él ó yo; y si bien, en mí no existía el amor propio, no iba a permitir que me llamara "Anoréxica de mierda". Le debía/debo todo a Ana y Mia. Me elegí a mí misma. Elegí a mis guías inconfundibles. Las únicas que me daban aliento para adelgazar.
Seguí bajando hasta los 43 kgrs. Ahí, me frenaron. Mis padres, mis nuevos compañeros (olvidé mencionar que decidí cambiarme de escuela), los profesores. Aparentemente, por mucho que yo creyese que estaba despistando a todos, mi estado era evidente. Eso no me detuvo durante los siguientes 7 años. He tenido aumentos y descensos de peso muy bruscos. Poco sanos (ja! Como si alguna vez me hubiese importado ser sana), pero los resultados han sido gloriosos: desde ganar concursos de belleza hasta tener el talle más pequeño en todas las casas de ropa que adoré siempre.
Llegué a fingir un cuadro de depresión mayor al que en realidad tenía, sólo para ir al psiquiatra y que me medicase, a sabiendas de que las pastillas me quitarían el apetito durante las primeras seis semanas. La única desventaja fue que, a la larga, necesité de la medicación y, finalmente, fui diagnosticada con Trastorno Bipolar. No es que exactamente me sorprenda; siempre supe que había algo en mi mente que no estaba del todo "bajo control" (cosa que se expresó a traves de mis cortes, ataques de llanto, ingesta de 40 pastillas laxantes, etc).
No me gusta que las personas crean que intento hacer que los trastornos alimenticios se vean como algo glamoroso, pero no los veo con la oscuridad de hace algunos años. Probablemente porque ya me acostumbré a ellos y ellos a mí. A todos va a terminar matándonos algo. Y prefiero que sean mis elecciones, y no las de alguien más.
Entonces, esta soy yo. Sigo siendo la Abeja Reina y NADIE va a quitarme la corona.
Octubre de 2006. Pequeña, insignificante, acosada por mis compañeros de colegio. Y claro... gorda como una ballena preñada. Medía 1.55 y pesaba unos 55 kgrs. Era un corcho: bajita y rechoncha. No tenía amigos e ir a la escuela se había vuelto una tortura.
Pero... una "varita mágica" me tocó de forma extraña. Alguien me invitó a salir. Y por "alguien" me refiero a un tipo super sexy, bastante mayor que yo, que se paseaba por los lugares más 'top' y 'vip' de la ciudad en la que nací y crecí. Jamás voy a entender qué vio él en mí en ese momento específico. Quizás notó mi desesperación por encajar; probablemente haya visto mi vulnerabilidad y se aprovechó de ello. Sean cuales fueren sus motivos, es algo que ya no me importa.
Para formar parte de ese 'jet-set', decidí (y también fui empujada por los comentarios de este... hombre, llamémoslo Mr. Darcy. Sí, suena a Jane Austen. Sí, es un cliché. Pero no, no era ni remotamente romántico... al menos, no al final y no en el fondo de su ser) que mi única opción era bajar de peso. Intenté hacer dieta y fracasé. Mi ansiedad (producto del 'bullying') era un obstáculo constante. Ahí venía el proceso de: ANSIEDAD- ATRACÓN- CULPA (y, eventualmente)- PURGA. Al principio, sólo lo hacía cuando yo consideraba (con un criterio totalmente errado) que había comido de más. Con el devenir de los días, empecé a hacerlo con básicamente cualquier cosa que me llevara a la boca. En cierto momento, comencé a vomitar sangre. Me asusté y preferí evitar las purgas. En su lugar, reemplacé ese hábito con el de no comer.
Me costó adaptarme al estómago vacío, a los mareos, al insomnio; pero todo lo valió. Para Diciembre había bajado bastante de peso (y también había cambiado mi altura, que oscilaba por 1.60). Los 48 kgrs me sentaban bien... al principio. Claro, como toda Princesa (ó Principe), no me resultó suficiente. Necesitaba más. Más delgadez. Más huesos. Menos grasa. Menos kilos. Y así lo hice.
Mientras tanto, me involucré con esa gente que tanto me llamaba la atención. Llegué a ser la Abeja Reina de mi pequeño, enfermizo y adictivo círculo. Todos consumíamos alguna droga, ó alcohol, ó sexo. Lo que fuera para sentirnos mejor. Menos muertos por dentro. Menos porquería.
En determinado punto, tuve que dejar las sustancias. Mr. Darcy se había vuelto violento y sus/nuestros/mis amigos, me dieron la espalda. Volví a estar sola, tambaleándome entre la depresión, Ana, Mia y el suicidio. De buenas a primeras (y con una lucidez inaudita para lo que era yo en aquella época), dejé a Mr. Darcy. Era él ó yo; y si bien, en mí no existía el amor propio, no iba a permitir que me llamara "Anoréxica de mierda". Le debía/debo todo a Ana y Mia. Me elegí a mí misma. Elegí a mis guías inconfundibles. Las únicas que me daban aliento para adelgazar.
Seguí bajando hasta los 43 kgrs. Ahí, me frenaron. Mis padres, mis nuevos compañeros (olvidé mencionar que decidí cambiarme de escuela), los profesores. Aparentemente, por mucho que yo creyese que estaba despistando a todos, mi estado era evidente. Eso no me detuvo durante los siguientes 7 años. He tenido aumentos y descensos de peso muy bruscos. Poco sanos (ja! Como si alguna vez me hubiese importado ser sana), pero los resultados han sido gloriosos: desde ganar concursos de belleza hasta tener el talle más pequeño en todas las casas de ropa que adoré siempre.
Llegué a fingir un cuadro de depresión mayor al que en realidad tenía, sólo para ir al psiquiatra y que me medicase, a sabiendas de que las pastillas me quitarían el apetito durante las primeras seis semanas. La única desventaja fue que, a la larga, necesité de la medicación y, finalmente, fui diagnosticada con Trastorno Bipolar. No es que exactamente me sorprenda; siempre supe que había algo en mi mente que no estaba del todo "bajo control" (cosa que se expresó a traves de mis cortes, ataques de llanto, ingesta de 40 pastillas laxantes, etc).
No me gusta que las personas crean que intento hacer que los trastornos alimenticios se vean como algo glamoroso, pero no los veo con la oscuridad de hace algunos años. Probablemente porque ya me acostumbré a ellos y ellos a mí. A todos va a terminar matándonos algo. Y prefiero que sean mis elecciones, y no las de alguien más.
Entonces, esta soy yo. Sigo siendo la Abeja Reina y NADIE va a quitarme la corona.
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